jueves, 23 de enero de 2014

El lobo de Wall Street



Que se nos presente una realidad tal cual , basada en un personaje real y en su libro, puede resultar meritorio y audaz. Este es el trabajo de Scorsese y Di Caprio, que en mi opinión se han excedido ampliamente en algunos aspectos. El principal, es el metraje de tres horas de duración. No es necesario contar esta historia en tanto tiempo, sobre todo porque las escenas son reiterativas ( más droga, más sexo, más bacanales…etc ).

Los estafadores del siglo XXI ya no llevan pistolas , utilizan la palabra para embaucar , envolver y atrapar a su presa , sirviéndose de las debilidades humanas más comunes: la avaricia (por ello el engaño es tan fácil ) y mientras los estafados crecen, los estafadores también ,aumentando la codicia  y el exceso sin límite de éstos últimos.La sucesión de escenas de sexo, esnifadas de cocaína ,alaridos, destrozos y todo tipo de “explosiones” son notorias en el film.


Otro aspecto que me gustaría destacar es la interpretación de Leonardo di Caprio, auténticamente un histrión , lanzando arengas sin parar para enardecer a sus cómplices.Di Caprio es un excelente actor consagrado en otras películas ( Revolutionary Road, por ejemplo ) , por ello francamente me ha decepcionado : gritar como un poseso durante toda la película no me parece un registro interesante .

Aunque basada en hechos reales, no parece verosímil  que  en la oficina se celebrasen tantas bacanales registradas con gran lujo de detalles.

No se le puede negar el vértigo  trepidante de la narración. Como espectadora terminé agotada y como si me hubiera sometido a una centrifugado.
Verdaderamente eché en falta algún momento de sosiego para desconectar y cerrar un poco los ojos. No fue posible. Te mantiene despierto aunque no quieras, y esto ,al parecer ,es meritorio .No en vano Scorsese es un maestro en el ritmo que imprime a sus realizaciones.

Me reitero: sobra metraje. Cuando piensas que ya se acerca el fin ,( escena del coche, enrollado con el cable del teléfono, drogado hasta la saciedad y exhausto ) resulta que nos queda la mitad y sobre todo escenas gratuitas, como la marejada en el yate de lujo y la falsa despedida, así como la escatológica meada en las citaciones judiciales.

Personalmente atisbo una crítica clara de la realidad que se nos presenta y sobre todo de la injusticia de la justicia.




María Berrocal