lunes, 7 de diciembre de 2015

The Assassin



Tres mujeres influyen de forma decisiva en la historia de la provincia de Weibo; las tres están unidas por el mismo hombre: Tian Ji’an, el actual gobernador. Su madre, la princesa Jiacheng jugó un papel decisivo en la pacífica ruptura de Weibo con la Corte Imperial, así como en la -no tan pacífica- ruptura de su hijo con su prima Jinniang. Su mujer, Tian Juhanshi, procedente de otra provincia, ejerce un control silencioso, manipulador y muy eficaz sobre los asuntos personales y políticos de su marido. Y su prima y ex prometida, Jinniang que - tras un largo exilio en manos de una monja que la ha convertido en una implacable asesina- regresa a Weibo con la intención de trastocar el orden de manera definitiva.   

La lucha interior de los personajes movidos por el poder y las pasiones configuran la historia de aquel lugar en aquel momento, creándose un paralelismo entre la intriga política y la intriga familiar; en Weibo lo personal es político. Al fin y al cabo la historia la construyen los individuos y éstos son movidos por sentimientos, muchas veces contradictorios, como los que residen en la solitaria Jinniang, quien a pesar de poseer el extraordinario poder de matar, sigue siendo presa de sus afectos. Su inexpresividad representa lo que es: una asesina profesional; su llanto nos recuerda que también es un ser humano. Implacable con la espada, Jinniang resulta herida, hecho que la dota de la vulnerabilidad  característica de los humanos.  

Presente en cada suceso y en cada personaje, la traición constituye un elemento central en la narración, y Hou Hsiao-Hsien nos muestra su verdadera esencia, lo que realmente es: un componente natural en las relaciones humanas. Los personajes traicionan y son traicionados como algo inherente a su naturaleza, como un elemento necesario para el cambio. Cada ruptura implica una traición.

La excepcionalidad de The Assassin no reside en lo que cuenta (que es apasionante), sino en cómo lo cuenta. Juegos, ritos, conspiraciones y duelos a muerte acontecen en esas tierras. Actos que observados desde lejos, parecen irrelevantes en comparación con la inmensidad del paisaje. Hechos insignificantes para la naturaleza contienen un enorme significado: cada gesto, cada mirada y cada conversación son únicos, llenos de magia y de misterio. La captura de esa magia se sirve de la importancia de cada detalle: localización, sonido, iluminación, vestuario y por supuesto fotografía. En The Assassin cada lugar y cada objeto, hasta el más mínimo elemento de atrezo, resultan necesarios en la representación de los acontecimientos.

Con una poderosa fotografía y una prudente distancia entre la cámara y los personajes, Hou Hsiao-Hsien logra dotar a cada instante de una asombrosa singularidad, creando así una atracción inusual hacia la película. El magnetismo se apodera por completo del espectador, quien desea acercarse más a ese misterioso universo, transmitido mediante unas imágenes tan enigmáticas y bellas como la protagonista. 

Anika