sábado, 9 de septiembre de 2017

SIERANEVADA




El comienzo de esta excelente e inclasificable película te predispone para sufrir una historia de vanguardismo experimental. También supone una prueba de paciencia para espectadores ávidos de propuestas innovadoras ( aunque sean aburridas). Pero ese hilarante comienzo, no tarda en dar paso a una secuencia que diríase satírico costumbrista, y después a una sucesión ininterrumpida de cambios y giros estilísticos que nos llevan de Berlanga a Haneke, con la inefable mediación de puertas que se abren y cierran ágilmente (como en los mejores Preston Sturges).Uno llega a acordarse incluso de El Ángel Exterminador, de Buñuel. Todo este batiburrillo de alusiones que, a priori, hubiese podido dar origen a una remendada historia tejida con los más arbitrarios hilos, es una historia de una asombrosa unidad incluso en el sentido espacial más intrínseco, pues está rodada en un piso real, como casi exclusivo escenario.

Cristi Puiu conjuga tal conglomerado de influencias ( en el caso de que no sólo sean impresiones del espectador) y crea una obra original, audaz por el espacio y escenario en el que se circunscribe, rodada magníficamente mediante un trabajo de cámara altamente meritorio y la colaboración de unos excelentes actores, que bordan un encomiable trabajo coral.
Los diálogos de Sieranevada son muy buenos, llenos de naturalidad, ironía e incluso comicidad en muchas ocasiones. De manera ágil y muy humana, la película no desdeña una opinión real y documentada de la Rumanía (vista a través de Bucarest) de un pasado reciente,  pero que todavía pesa mucho en la actualidad.

He descubierto también con esta magnífica película, que los ambientes y “ palizas” familiares son parecidísimas en todas partes. Algo que yo creía más local, es realmente muy universal (o europeo, para no exagerar). Comprueben con esta singular película que, lo que nos separa de una familia rumana, es nada.


Manuel Fonseca.

domingo, 27 de agosto de 2017

Verano 1993


Aunque este post llega tarde, ya que la película se estrenó el 30 de junio, no podía dejar pasar el verano sin mencionar este título, al fin y al cabo, todavía es verano y la película aún sigue en los cines; y lo más importante: pocas veces tenemos el placer de encontrar en la cartelera un filme tan personal y con tanta personalidad como Estiu 1993.

Lo que consigue Carla Simón en su primer largometraje no solo es una brillante representación autobiográfica de aquel verano, cuando ella tenía 6 años, sino que además logra transmitir su vivencia con un lenguaje muy personal, un lenguaje en el que lo cotidiano, visto desde el prisma de una niña (la niña que ella era), se convierte en la mejor manera de ver el mundo, la vida, el entorno y sobre todo, nos revela lo simple y lo complicadas que son las cosas,  siempre a la vez. La vida es una dicotomía.  

La aventura emprendida por Carla Simón al rodar con dos niñas pequeñas un capítulo de su infancia ha descubierto un excelente trabajo de dirección que nos llena de energía y comprensión. Además nos brinda papeles interpretados por niñas a la altura de las películas de Carlos Saura ( estoy pensando en Ana Torrent en Cría Cuervos) o por poner una referencia más reciente, al protagonista de Boyhood (Ellar Coltrane), cuando Richard Linklater se centra en su infancia. En esta primera película de una prometedora directora, encontramos a una memorable Laia Artigas en el papel de Frida, la protagonista de todo esto, en la ficción. Porque desde luego, la verdadera protagonista es Carla Simón, que ha convertido su inolvidable verano en una inolvidable película.

Anika


jueves, 8 de junio de 2017

Clash



Hay películas que lejos de proponer un relato sin fisuras, abordan una historia de modo apasionado y un tanto desorganizado, con una realización desde un punto de vista audaz, pero sometida a altibajos y cierta sobre dramatización, apoyándose en una excelente fotografía que sirve para vertebrar -e incluso evolucionar- el complejo sentido de la historia.
Tal puede ser un resumen apresurado de esta interesante, e incluso necesaria, película egipcia.
"La primavera árabe", en las distintas naciones en las que se desarrollaron, ha dado un resultado tan imprevisible, cuando no frustrante, que nos ha llevado a renunciar a su comprensión y a pasar página sobre un fenómeno que alumbró tantas esperanzas.
Clash nos propone una inmersión en el conflicto egipcio tras la destitución del presidente islamista Morsi. Un día de violentos disturbios (de los que hubo muchos más), un furgón de policía transporta, errante por la ciudad, una veintena de ciudadanos detenidos a los que no pueden llevar a ninguna parte porque las cárceles están a rebosar. Tal recorrido, alterado y conflictivo tanto por lo que ocurre en  la calles por las que deambula el asfixiante vehículo, como por los acendradas diferencias entre sus ocupantes, es el violento ( y quizás irresoluble ) enfrentamiento de ese muestrario de disparidades sociales y culturales en la que la película nos sumerge y sobre los que nos hace reflexionar.
Mohamed Diab aborda la historia con indudable pasión y apoyado en una excelente y compleja fotografía que subraya magníficamente el relato, dando incluso un vuelo simbólico en el tramo final del film, pues el cruce de láseres y fogonazos luminosos en caótica desorganización, son una palpable visualización del crudo, desconcertante y desesperanzador conflicto.
Imposible explicar lo inexplicable, que es lo que parece inherente a la historia que contemplamos sobrecogidos por tantos avatares.
Seguramente es su realidad imposible de racionalizar lo único claro y "explicable" de este dramático conflicto.


Manuel Fonseca.

martes, 18 de abril de 2017

El otro lado de la esperanza




La creación de un mundo personal y perfectamente reconocible es potestad de muy pocos directores, que imprimen su visión e idea de la vida por encima de las convenciones de géneros y clichés al uso en una industria como la cinematográfica. Son verdaderos artistas y su personalidad se trasluce toquen lo que toquen. En esta línea, además del personalísimo director de esta película( Aki Kaurismäki),me vienen a la memoria David Linch y Pedro Almodóvar, por ser acreedores de la creación de universos personales, diferentes y algo estrambóticos ( este último punto los une con total evidencia).

El otro lado de la esperanza reflexiona y nos hace pensar en cosas que importan a la verdadera esencia del ser humano, y nos hablan de su fragilidad e imprevisión. De asuntos que son de total actualidad, pero planteados con un prisma de original intemporalidad.
La desenvoltura de Kaurismäki contándonos su visión de la vida y los divergentes personajes que la pueblan es, a la vez que profunda, muy divertida, impregnada de humor, comprensión y solidaridad.

Como hilo conductor que ejemplifica esa peculiar galería de personajes, tenemos esas genuinas e impagables actuaciones musicales que jalonan todo el film, convirtiéndolo en un musical nada al uso, y en una galería de personajes entrañables y solidarios que, a través de la natural y modesta ejecución de sus canciones, expresan lo mejor que el ser humano nos puede ofrecer.

La sobriedad y naturalidad de la narración, es otra de las peculiaridades del director finlandés, henchido de comprensión al género humano, y yo diría que de amor hacia él.

Manuel Fonseca

viernes, 7 de abril de 2017

Locas de alegría

 
Es un regreso estimulante a las raíces del mejor cine italiano, filmografía  y directores a los que tanto amamos en otro tiempo (y no digamos las actrices y actores de tal nacionalidad) y que en las últimas décadas palidecía sin remedio. Locas de alegría nos devuelve la desenvoltura de la comedia italiana ( Scola y Rissi asoman en muchos aspectos de la historia) así como cierto contenido social que siempre presidió el Neorrealismo y su deriva en "comedia a la italiana".
El film nos ofrece una lectura tragicómica de la crisis, tan generalizada y devastadora en todos los órdenes y, desde luego, en todos los países del sur europeo. Por más que la película esté trufada de situaciones que derivan hacia la comicidad, el sustrato de las dos historias que nos ofrecen estas dos entrañables mujeres, es una radiografía de la crisis padecida por muchas personas en estos aciagos años pasados. Crisis claramente propiciada por la lucha por la supervivencia y la escasa seguridad vital en un caso ( Donatella); y por diversos factores de descomposición moral, cinismo y -seguramente- una clara tendencia biológica a la ciclotimia y al descontrol vital en el caso de Beatrice. Las dos vidas se cruzan dentro de una institución psiquiátrica, y a partir de ahí la peripecia de ambas mujeres discurrirá indefectiblemente unida.
Paolo Vìrzi honra con su realización a la mejor tradición del cine de su país, pero también contiene guiños a otras películas sobre personajes femeninos, como sugiere ( a bote pronto) la semejanza de algunas situaciones con Thelma y Louise.
Tanto este director como su coetáneo y compatriota Paolo Sorrentino, son un ejemplo de revitalización del cine italiano con propuestas que mezclan su tradición con influencias de lo más ecléctico. ¡Y que lo hacen muy bien!
Sobresaliente y digno de todos los elogios el dúo protagonista, con dos extraordinarias Valeria Bruni Tedeschi y Micaela Ramzzotii. Serían un Oscar merecidamente compartido.En ambos personajes no cuesta ver a Catte Blanchet y nuestra Elena Anaya (se parecen extraordinariamente a las dos protagonistas). Pero es solo una curiosidad de carácter físico, pues las dos actrices italianas están verdaderamente insuperables.
Hay que verla, y por supuesto en versión original: Valeria Bruni Tedeschi tiene una voz muy especial, que define la mitad de su personaje.
 
Manuel Fonseca.

miércoles, 29 de marzo de 2017

El viajante


Asghar Farhadi en este último trabajo  nos ofrece toda su sabiduría cinematográfica en esta historia bien narrada, en la que tanto el thriller como el drama están presentes como géneros. Sin olvidar que, como buen cineasta, captura a la perfección el momento socio-económico de su país: construcciones poco sólidas, edificios que se derrumban, pluriempleo, etc, son realidades presentes y cotidianas.
El desarrollo de la historia real y la representación teatral de la obra de Arthur Miller “El viajante “, perfectamente insertada,  nos proporciona una visión de vidas paralelas  a la vez que un profundo conocimiento sobre la naturaleza humana. En efecto, el protagonista culto, educado, excelente profesional y muy bien considerado, nos mostrará la otra cara llevando el drama a su punto más álgido. Los personajes se moverán por el espacio, ya real o de ficción, dejando al descubierto todas sus fracturas, y como en los grandes dramas shakesperianos el azar intervendrá vulnerando el espacio íntimo y propiciando el desarrollo de sentimientos que culminarán en la venganza.
Estamos ante una obra en la que el espectador se mantiene en suspense hasta el final, y que al margen de lecturas metafóricas percibimos la solidez  de la construcción y densidad de la narración. Una película que no debemos perder.


María Berrocal