lunes, 20 de noviembre de 2017

EL AUTOR


Es la primera buena sorpresa del cine español en esta temporada. Salvo los que estén al tanto de su proyección en algunos Festivales de cine, la película irrumpe con total sorpresa para el espectador, y creo que eso favorece para que “El autor” se disfrute plenamente. Porque la primera consideración es el buen rato que te hace pasar. Cometido nada baladí temiendo que con ese título, la película podría derivar hacia un envoltorio más “de autor”(y sus consecuencias).

No sé si el planteamiento se podría calificar de clásico. De lo que no hay duda es de que es diáfano y perfectamente comprensible, enganchando al espectador a una historia nada alambicada en su planteamiento, pero que en su desarrollo (primero de ribetes casi costumbristas y posteriormente escorada hacia un desarrollo de thriller) nos va regalando matices, situaciones y derivas de la historia que la van enriqueciendo y agrandando en todos los sentidos. Hasta concluir en un desenlace inteligente y sorpresivo que denota lo bien urdido que está el guión, basado en un relato de Javier Cercas.

No vi Canibal, por lo que este es mi estreno con Manuel Martín Cuenca como director. Creo que su labor es muy buena, diría que redonda, y en la dirección de actores, más que sobresaliente. La interpretación de Javier Gutiérrez supera, en mi opinión, todas las buenas y galardonadas que le conocemos. Es sorprendente constatar cómo un actor de un físico casi anodino, tiene tal capacidad de transmisión de emociones y tal poder de convicción: se gana por completo al espectador construyendo un relato tan entretenido como inteligente que no debiera perderse ningún aficionado al cine.


Manuel Fonseca

sábado, 9 de septiembre de 2017

SIERANEVADA




El comienzo de esta excelente e inclasificable película te predispone para sufrir una historia de vanguardismo experimental. También supone una prueba de paciencia para espectadores ávidos de propuestas innovadoras ( aunque sean aburridas). Pero ese hilarante comienzo, no tarda en dar paso a una secuencia que diríase satírico costumbrista, y después a una sucesión ininterrumpida de cambios y giros estilísticos que nos llevan de Berlanga a Haneke, con la inefable mediación de puertas que se abren y cierran ágilmente (como en los mejores Preston Sturges).Uno llega a acordarse incluso de El Ángel Exterminador, de Buñuel. Todo este batiburrillo de alusiones que, a priori, hubiese podido dar origen a una remendada historia tejida con los más arbitrarios hilos, es una historia de una asombrosa unidad incluso en el sentido espacial más intrínseco, pues está rodada en un piso real, como casi exclusivo escenario.

Cristi Puiu conjuga tal conglomerado de influencias ( en el caso de que no sólo sean impresiones del espectador) y crea una obra original, audaz por el espacio y escenario en el que se circunscribe, rodada magníficamente mediante un trabajo de cámara altamente meritorio y la colaboración de unos excelentes actores, que bordan un encomiable trabajo coral.
Los diálogos de Sieranevada son muy buenos, llenos de naturalidad, ironía e incluso comicidad en muchas ocasiones. De manera ágil y muy humana, la película no desdeña una opinión real y documentada de la Rumanía (vista a través de Bucarest) de un pasado reciente,  pero que todavía pesa mucho en la actualidad.

He descubierto también con esta magnífica película, que los ambientes y “ palizas” familiares son parecidísimas en todas partes. Algo que yo creía más local, es realmente muy universal (o europeo, para no exagerar). Comprueben con esta singular película que, lo que nos separa de una familia rumana, es nada.


Manuel Fonseca.

domingo, 27 de agosto de 2017

Verano 1993


Aunque este post llega tarde, ya que la película se estrenó el 30 de junio, no podía dejar pasar el verano sin mencionar este título, al fin y al cabo, todavía es verano y la película aún sigue en los cines; y lo más importante: pocas veces tenemos el placer de encontrar en la cartelera un filme tan personal y con tanta personalidad como Estiu 1993.

Lo que consigue Carla Simón en su primer largometraje no solo es una brillante representación autobiográfica de aquel verano, cuando ella tenía 6 años, sino que además logra transmitir su vivencia con un lenguaje muy personal, un lenguaje en el que lo cotidiano, visto desde el prisma de una niña (la niña que ella era), se convierte en la mejor manera de ver el mundo, la vida, el entorno y sobre todo, nos revela lo simple y lo complicadas que son las cosas,  siempre a la vez. La vida es una dicotomía.  

La aventura emprendida por Carla Simón al rodar con dos niñas pequeñas un capítulo de su infancia ha descubierto un excelente trabajo de dirección que nos llena de energía y comprensión. Además nos brinda papeles interpretados por niñas a la altura de las películas de Carlos Saura ( estoy pensando en Ana Torrent en Cría Cuervos) o por poner una referencia más reciente, al protagonista de Boyhood (Ellar Coltrane), cuando Richard Linklater se centra en su infancia. En esta primera película de una prometedora directora, encontramos a una memorable Laia Artigas en el papel de Frida, la protagonista de todo esto, en la ficción. Porque desde luego, la verdadera protagonista es Carla Simón, que ha convertido su inolvidable verano en una inolvidable película.

Anika


jueves, 8 de junio de 2017

Clash



Hay películas que lejos de proponer un relato sin fisuras, abordan una historia de modo apasionado y un tanto desorganizado, con una realización desde un punto de vista audaz, pero sometida a altibajos y cierta sobre dramatización, apoyándose en una excelente fotografía que sirve para vertebrar -e incluso evolucionar- el complejo sentido de la historia.
Tal puede ser un resumen apresurado de esta interesante, e incluso necesaria, película egipcia.
"La primavera árabe", en las distintas naciones en las que se desarrollaron, ha dado un resultado tan imprevisible, cuando no frustrante, que nos ha llevado a renunciar a su comprensión y a pasar página sobre un fenómeno que alumbró tantas esperanzas.
Clash nos propone una inmersión en el conflicto egipcio tras la destitución del presidente islamista Morsi. Un día de violentos disturbios (de los que hubo muchos más), un furgón de policía transporta, errante por la ciudad, una veintena de ciudadanos detenidos a los que no pueden llevar a ninguna parte porque las cárceles están a rebosar. Tal recorrido, alterado y conflictivo tanto por lo que ocurre en  la calles por las que deambula el asfixiante vehículo, como por los acendradas diferencias entre sus ocupantes, es el violento ( y quizás irresoluble ) enfrentamiento de ese muestrario de disparidades sociales y culturales en la que la película nos sumerge y sobre los que nos hace reflexionar.
Mohamed Diab aborda la historia con indudable pasión y apoyado en una excelente y compleja fotografía que subraya magníficamente el relato, dando incluso un vuelo simbólico en el tramo final del film, pues el cruce de láseres y fogonazos luminosos en caótica desorganización, son una palpable visualización del crudo, desconcertante y desesperanzador conflicto.
Imposible explicar lo inexplicable, que es lo que parece inherente a la historia que contemplamos sobrecogidos por tantos avatares.
Seguramente es su realidad imposible de racionalizar lo único claro y "explicable" de este dramático conflicto.


Manuel Fonseca.

martes, 18 de abril de 2017

El otro lado de la esperanza




La creación de un mundo personal y perfectamente reconocible es potestad de muy pocos directores, que imprimen su visión e idea de la vida por encima de las convenciones de géneros y clichés al uso en una industria como la cinematográfica. Son verdaderos artistas y su personalidad se trasluce toquen lo que toquen. En esta línea, además del personalísimo director de esta película( Aki Kaurismäki),me vienen a la memoria David Linch y Pedro Almodóvar, por ser acreedores de la creación de universos personales, diferentes y algo estrambóticos ( este último punto los une con total evidencia).

El otro lado de la esperanza reflexiona y nos hace pensar en cosas que importan a la verdadera esencia del ser humano, y nos hablan de su fragilidad e imprevisión. De asuntos que son de total actualidad, pero planteados con un prisma de original intemporalidad.
La desenvoltura de Kaurismäki contándonos su visión de la vida y los divergentes personajes que la pueblan es, a la vez que profunda, muy divertida, impregnada de humor, comprensión y solidaridad.

Como hilo conductor que ejemplifica esa peculiar galería de personajes, tenemos esas genuinas e impagables actuaciones musicales que jalonan todo el film, convirtiéndolo en un musical nada al uso, y en una galería de personajes entrañables y solidarios que, a través de la natural y modesta ejecución de sus canciones, expresan lo mejor que el ser humano nos puede ofrecer.

La sobriedad y naturalidad de la narración, es otra de las peculiaridades del director finlandés, henchido de comprensión al género humano, y yo diría que de amor hacia él.

Manuel Fonseca