domingo, 20 de enero de 2019

Vuelve el blanco y negro: Cold War y Roma

 

La actual temporada nos ha ofrecido dos películas en esta dualidad cromática que se empezó a dar por terminada con el advenimiento del color, que ya quedó entronizado con el impacto que supuso “ Lo que el viento se llevó” ( Víctor Fleming,1939).
Las películas en BN se concentraron principalmente en el género “ Negro”, que tan importantes obras ha dado a la historia de cine en los años 40 y 50, y a partir de los 60 quedaban solo rarezas como “ Psicosis” (Hitchcock,1961) y cine progre de vocación innovadora.
En las décadas siguientes las películas en BN se redujeron a mínimos que parecían presagiar su desaparición.
Solo alguna rareza como Manhattan de Woody Allen consiguieron un éxito relevante en aquellas décadas de final del milenio.
Más recientemente el BN ha ido regresando sigilosamente en producciones de evidente vocación artística, y en algunos casos ofreciendo una doble versión ( color o blanco y negro) a elegir, caso de “ Buscando un beso a medianoche”( Alex Holdridge. 2009).
The Artist,de Michel Hazanavicius ( 2011) y Blancanieves de Pablo Berger( 2012) son también muestras de ese silencioso regreso.

Lo que me ha llamado la atención de la temporada que nos ocupa, es que sean en un espléndido blanco y negro las dos producciones más destacadas, y creo que - sin lugar a dudas-las dos mejores películas : Cold War, del polaco Pawel Pawlikowski, y Roma del mejicano Alfonso Cuarón.
Las dos tienen en común una potente y cuidadísima fotografía en BN, con la que ambos directores expresan la más variada gama de matices que , siendo visuales y de carácter cromático, acaban exponiendo del modo más profundo y eficaz  una variada gama de sentimientos e ideas ;que es lo máximo que se puede pedir a una manifestación artística de gran altura, como son estas dos memorables obras cinematográficas.
Cold War es una magnífica crónica de la posguerra europea y sus nefastas consecuencias en los países del “ telón de acero”.Produce una hipnosis visual y emocional que te atrapa irremediablemente y te conduce a una inmersión en las más altas cotas de expresión a través del medio cinematográfico.Su excelente fotografía no es ajena a este logro.
Roma es una entrañable, a la par que muy soberbia película, que indaga en la vida familiar y social durante la infancia del propio director (primeros años 70) en la casa familiar del Barrio “ Roma” de Ciudad de Méjico.
Pocas veces el cine nos ha ofrecido un homenaje tan sincero y emocionante hacia una persona humilde y escasamente considerada (la que fue empleada del hogar y cuidadora en la infancia del director) como hace Cuarón  con un cariño y un reconocimiento realmente encomiables.
Cold War ha dado ya todo su juego permaneciendo en cartelera desde primeros de octubre pasado.
Roma se ha estrenado directamente en Netflix, con la pena ( en mi opinión) de haber limitado la posibilidad de disfrutarla en pantalla grande.
No obstante, si hubiese alguien rezagado ¡No os las perdáis!
Son dos obras inmensas, y ójala supongan el regreso del blanco y negro para quedarse.

Manuel Fonseca.







sábado, 30 de junio de 2018

Caras y lugares


Emocionante, conmovedora, vitalista, encantadora…y más adjetivos laudatorios vienen a la
mente después de ver esta película documental traducida al español como “Caras y Lugares.”             
Agnès Varda, integrante de la “ Nouvelle vague” y  directora de documentales reconocidos, dirige con maestría junto al fotógrafo J.R. esta obra, marcando siempre su estilo experimental propio.

El cine de Agnès Varda, además de feminista, está impregnado de un carácter social, humanista y escorado siempre del lado de los más desfavorecidos. Heredera del Mayo del 68 busca como Godard otra forma de mirar, descubriendo una historia detrás de cada rostro. Las imágenes que nos rodean construyen nuestras identidades y nos sitúan en un papel concreto . De este modo nos desplazará por diferentes lugares de Francia, desde un pueblo minero abandonado del Norte hasta Normandia; del Midi hasta Niza. Y en todos ellos homenajeará, con la colaboración del fotógrafo J.R., a aquellos que protagonizaron la historia, pero que nunca fueron visualizados ni recordados.

 Mineros, estibadores, carteros, mujeres campesinas, obreros industriales y gentes de los más variados oficios, quedarán impresos en la  arquitectura  y  en la retina de Agnès, que a pesar de sus ojos enfermos y visión borrosa, necesita -como le aconseja su acompañante J.R. - acumular imágenes.  Se  va pasando su tiempo. Pero esto parece no preocuparle a la enérgica Agnès que asegura no temer a la muerte porque no es más que “c’est finie “.

 Las intervenciones en el espacio urbano y arquitectónico y rescatar los lugares de la memoria, es una de las prioridades de Agnés. En este sentido conecta con las últimas tendencias del Arte Contemporáneo, concretamente con cierto aspecto del arte efímero, promoviendo una nueva mirada hacía  todos los personajes que llevan en el rostro la historia escrita.

Es obligado destacar la simbiosis de los dos protagonistas ( Agnès y J.R ) que con sus reflexivos  y filosóficos diálogos sobre la vida y el paso del tiempo nos transmiten sentimientos de amistad, solidaridad, ternura, humanidad, ironía y humor y sobre todo una gran dosis de vitalidad. En resumen, una joya de película que no debiéramos perder.


María Berrocal

viernes, 1 de junio de 2018

Disobedience


El arranque de la historia no anticipa ni apunta lo que va a ser el desarrollo de la misma. 
En el último tercio de su metraje, se apunta la posibilidad de varios finales (de los que- claro está- solo quedará el que se nos ofrece como única y final opción).
Son dos aspectos que me han parecido notables y muy bien calibrados en esta hermosa y triste historia de amores no protocolarios, y de relaciones que obedecen a las más variadas orientaciones del pensamiento humano, en forma de religiones en este caso concreto.
No sé si es un consuelo, o todo lo contrario, comprobar que las trabas para realizar una vida plena y consecuente con la íntima y personal opción sexual, de libre pero no “arbitraria” elección, encuentra tantas trabas (y prácticamente las mismas) en todas las religiones monoteístas de nuestro entorno.Tanto da catolicismo,islamismo o judaísmo (que es el que determina en este caso). 
Equivocadamente siempre había pensado que el judaísmo era menos drástico que las otras dos opciones religiosas con las que han tenido que convivir a lo largo de siglos de historia. Seguramente -pensaba- por la contaminación que los judíos habían tenido que padecer al mezclarse y convivir en sociedades tan diferentes entre sí (judíos campesinos rusos, gente de dinero o del cine en Estados Unidos, o personalidades de la élite intelectual centroeuropea, por ejemplo).Pero me ha quedado claro que,tratándose de ortodoxia,los judíos son un exponente más que notable de inmovilismo e intransigencia en todos los órdenes.
La historia, no obstante, sortea muy bien el peligro de maniqueísmo que suele asomar,con más o menos disimulo, en este tipo de historias de amores poco ortodoxos.El padre Rabino, con el que arranca y sobre el que gravita buena parte de la historia, no está retratado con animosidad, y sus últimas palabras, son objeto de una reinterpretación esperanzadora por el individuo que será su sucesor en tal cometido religioso.
La película está magnífica y complejamente narrada,comenzando por una introducción amplia en la que tardas en comprender las relaciones entre los personajes ,e incluso la ubicación geográfica de los mismos.
Las interpretaciones son muy buenas y matizadas.Quizás la pareja protagonista está retratada con una excesiva y continuada preocupación, que nos las presenta excesivamente “cariacontecidas”,o directamente atormentadas. No se si hubiese sido posible alguna secuencia en la que estuviesen algo más relajadas o mínimamente divertidas.Precisamente hay una escena preciosa y claramente liberadora en la que participan los tres protagonistas, y en la que se registra un punto de confraternización, o directamente  de amor, entre las tres personas tan conflictivamente relacionadas.
La película se cierra,dentro de los finales en los que nos había hecho pensar, en uno de los varios posibles ,matizado a través de varias secuencias que nos hacen reflexionar sobre las dificultades para “ liquidar” esta historia.
El resultado es verosímil y real como la vida misma: más agrio que dulce.


Manuel Fonseca.

domingo, 20 de mayo de 2018

Manifiesto



Su estreno en nuestras cines tres años después de su realización en una sola sala en Madrid y en una única sesión diaria, señala sin lugar a dudas la rareza de la propuesta y su escasa comercialidad.
No en vano Julien Rosenfeldt es un artista de vídeoarte  antes que un director de cine al uso.Y aquí ha obtenido una pieza ecléctica entre ambas disciplinas, si es que existe una clara demarcación entre ellas.
Yhecha la salvedad de que la película no nos va a cautivar por su ritmo ni por sus trepidantes diálogos, creo que la mejor actitud (y posiblemente la única ) sea abandonarse  a la incontinencia verborreíca de una Cate Blanchett totalmente inenarrable (literal), desgranando el contenido de los manifiestos artísticos más celebrados e influyentes del siglo XX, lo que reviste a la película de un aire inequívocamente culto,de personas capaces de sufrir con lo que para otros no debiera ser otra cosa que un mero divertimento.
Manifesto se va desgranando entre manifiesto y manifiesto con unas imágenes potentes y de un elevado sentido artístico, si por ello entendemos buscar expresiones nuevas y no siempre complacientes con el tópico de la belleza.
Los manifiestos que Cate Blanchett va representando y recitando, enmascarada en los más variados y a veces casi increíbles disfraces,tienen como telón de fondo escenarios muy diferenciados y provocadores, como los mismos textos que desgrana.
El film nos deja una desconcertante y hermosa exposición de lugares, más parecidos a inmensos e imposibles cuadros de carácter expresionista que a escenarios usuales para el desarrollo de una acción fílmica. Importa y subyuga tanto el marco como el contenido que alberga.
Cate Blanchett ejecuta un recital de más de una docena de personajes que acompaña a dadaístas, surrealistas, futuristas, y así hasta llegar al Dogma de Lars von Trier ( del que nos presenta un irónico y entretenido sketch),pasando por contraculturales ,posmodernos y diversas actitudes culturales (o vitales) que han determinado nuestro variado y convulso siglo XX.

Recomendar esta película tiene sus riesgos, pero yo lo hago.

Manuel Fonseca 



miércoles, 28 de febrero de 2018

Calle me by your name





La rica zona del Norte de Italia donde se desarrolla la acción, la preciosa villa donde habita la familia burguesa con el hijo adolescente, la llegada de un joven seductor, hacen que recuerde inevitablemente a Teorema ( Pier Paolo Passolini 1968 ), donde el visitante es el elemento perturbador que trastocará a cada uno de los componentes de la familia. En este caso es el adolescente el que queda más marcado por la imponente presencia del joven americano, que llega a la casa familiar como ayudante del padre para terminar su doctorado. Al margen de los paralelismos con la película antes mencionada, Call me by your name es principalmente una historia de amor y el despertar del joven a los sentimientos más controvertidos respecto a la identidad sexual que aún no está definida. La inseguridad, la timidez para expresar la atracción que irremediablemente siente hacía el americano, hacen que el filme se desarrolle dentro de una contención por ambas partes, pero que como es previsible, culminará con una relación amorosa y de afectos correspondidos. El bello romance se alarga en exceso, no aportando más novedades a la historia. Que terminará como casi todas estas relaciones, con la finalización de la estancia del visitante. La película recoge muy bien el contexto donde se desarrolla la acción y sobre todo la música de comienzos de los años 80. Un aspecto que me ha llamado la atención es la comprensión de los padres, conocedores de la relación homosexual de su hijo, y el discurso del padre cuando el romance ya está finalizado y todo vuelve a lo socialmente establecido. Estamos hablando de 1983 cuando este tipo de relaciones debían ocultarse y no se naturalizaban tan fácilmente. En este sentido los años transcurridos han obrado favorablemente en una sociedad más abierta, diversa y plural. La película se ve con gusto, la interpretación es buena, así como la ambientación de la época, pero está lejos de ser una obra impactante.


María Berrocal

jueves, 15 de febrero de 2018

El hilo invisible


El film de Paul Thomas Anderson (con un registro inédito en lo que conozco de su filmografía), tan silencioso, introspectivo y relajado, es como un regalo para la mente y la sensibilidad de cualquier amante del cine.
Soberbias interpretaciones,sobre todo de las dos actrices protagonistas.Tanto Lesley Manville,como la casi debutante Vicky Krieps, son un lujo de presencia , a la vez que de belleza y misterio. Daniel Day-Lewis está muy bien, como de costumbre. Pero yo detecto un estilo de interpretación muy profesionalizado,que realza más la extraordinaria naturalidad de sus compañeras. Sin embargo, es a él a quien pueden acabar oscarizando.
El Hilo invisible es una película hipnótica que te sofroniza durante sus dos horas largas de duración. Ocurren muchas cosas, bajo la apariencia de que no acontecen demasiadas. Los dos personajes femeninos crean una magia y un misterio que hacen discurrir una narración paralela a la que presenciamos en primera instancia. El triángulo “Diseñador-hermana-modelo” da un juego de suspicacias, deseos insinuados y realidades interpretables, aderezados con una historia de amor envenenada( literalmente) que dan un juego muy suculento más allá de la realidad constatable. 
Perfecta ambientación, tanto de época como musical. Nos sumerge en los primeros años 50 con sumo gusto y acierto,recreando con gran precisión todos los aspectos socio-ambientales de aquella época. El hilo invisible es una obra totalmente recomendable. 

Manuel Fonseca